De cómo @huguito y @earcos lloraron abrazados frente al Café de Amelie: The True Paris Story

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Transcurría el año 2009, en París se reunían por "azar" tres grandes nerds: Hugo Londoño, Eduardo Arcos e Inti Acevedo, y una bella dama, que para proteger su identidad mantendremos en secreto. El mundo se encontraba al borde del cataclismo financiero, la crisis golpeaba los bolsillos y corazones de todos por igual. La humanidad completa se encontraba doblegada y muy triste. Hugo y Eduardo, no se conocían en persona, al verse sus voces chocaron en el aire, al unísono, como un coro de iglesia romana del Siglo V, diciendo las sagradas palabras:

-  I want to be your friend

Un simple apretón de manos sello para siempre una de las más grandes amistades que la historia geek del siglo XXI tenga conocimiento. Si han visto una película cursi que muestra cómo dos grandes amigos pasan sus años de universidad entre borracheras, inventando Facebook, gritando en conciertos, con una banda sonora de Sufjan Stevens, interpretada por Jack Black y Michael Cera, tendrán una idea muy clara de lo que fueron esos días para @huguito y @earcos en París.

Uno de esos días fue realmente especial para ellos. Yo desde temprano insistía que teníamos que ir al Louvre para ver la pintura The Tree of Crows, pero ellos no tenian ni la menor idea sobre lo que estaba hablando. Ellos pasaban sus horas discutiendo lo mucho que amaban sus teléfonos Nokia y BB. Y de vez en cuando hacían referencias a la película que les motivo viajar a París. Fue aquel (oscuro) día de primavera que dos de mis más grandes amigos me traicionaron y engañaron. Con cuentos alucinantes de lujuria y chicas francesas que habitaban las inmediaciones del Moulin Rouge, y que se volvían locas por los ecuatorianos, venezolanos y peruanos, me llevaron hasta la zona en París de Montmartre.  

La historia aquí es desgarradora. Los hechos ocurrieron tan rápido, que aún hoy, al recordar, me duele la cabeza de lo demencialmente veloces que fueron las cosas. El Metro de París, las calles llenas de franceses, gente con panes bajo los brazos, ratas que son chefs, trafico, ruido de gran ciudad, intelectuales hablando de Nietzsche, tiendas de quesos, tiendas de cámaras Leicas, tiendas de miniaturas, tiendas en decadencia de comics franceses donde hacen la resistencia desarmada al manga japonés, el Arco del Triunfo, La Defense, el Pompidou, la calle de Cortazar, etc. Todo pasaba por mis ojos como polaroids cuadradas que aun no se revelan por completo.

¿Y saben a donde se dirigían estos dos conspiradores? ¿Cuál era su lugar en París?

Pues al Café des Deux Moulins, EL CAFE DE AMELIE. Nunca, y no estoy exagerando para nada, he visto a dos amigos llorar de forma tan desconsolada abrazados. Es como que de pronto en el mundo dejaron de existir los Nokias y los BBs. Al verlos llorar, sentados frente al Café de Amelie, no pude pensar en otra cosa que en un mundo donde Terminator se fue al pasado, para acabar con la vida de Steve Jobs mientras hacia un curso de caligrafía. Un mundo gris, triste. ¿Se imaginan un universo alterno en el cuál Scarlett Johansson nunca nació?. Así era verlos llorar.

Mientras, mis dos amigos, rememoraban cada escena de Amelie, tarareaban a Yann Tiersen convirtiendo el dulce sonido del acordeon en algo completamente diabólico. En fin, yo preferí perderme en las laberinticas calles de Montmartre, y volver después de 4 horas. El llanto desgarrador había desaparecido, ahora era un simple sollozo resignado. Les di animo a mis amigos y les comente que cerca había visto un puesto de Crêpes. Fuimos por unas, después de comer volvimos en silencio caminando por la noche de París, completamente (exageradamente) en silencio.

Y aquellos hechos que nunca debieron caer en el olvido, se perdieron en el tiempo. La Historia se convirtió en Leyenda, la Leyenda en Mito, y durante 2.500 años el llanto de Eduardo y Hugo, a los pies del café de Amelie pasó desapercibido. Hasta que se presentó la ocasión en Twitter que el llanto fuera conocido por todos...

Soñando que...

Se me ocurre hacer una pelicula en la cual estoy soñando que soy habitante de un mundo apocaliptico en el cual estoy durmiendo prisionero de las maquinas que me tienen en un letargo en el cual estoy soñando que soy habitante de un mundo virtual completamente normal en el cual por la noche me hace soñar que estoy dentro de una computadora vestido de luces manejando una moto y al chocar y desvanecerme termino soñando que estaba soñando que se podia soñar.

 

:O

Cazadores del Twitter perdido

No podía despegarme del buscador de Twitter. Ver en tiempo real como el pulso de la humanidad se movía era algo hipnótico e irreal. La ingenua pregunta ¿Qué estas haciendo? era respondida de forma rebelde por millones de personas. Para agosto del 2009 ya daba igual si la respuesta era una acción, un enlace o un RT. Nadie sabia hacia donde se dirigían las cosas y nadie sabia como terminarían. Yo, un físico retirado del MIT, tenia mi propia teoría basada en estadística, una pizca de teoría del caos y mucha investigación de operaciones. 140 caracteres estaban permitiendo que los recursos lingüísticos fueran demasiado específicos, en un mundo de abundancia, escribir tan poco, era un proceso de vuelta a lo esencial. Una pisada en el freno del mensaje infinito, del caos de la obesidad informativa.

El clima de Maracaibo podría rostizar en unos minutos a cualquier pajarito azul, el maldito aire acondicionado estaba fallando desde hace semanas, para venir a morir hoy, cuando se suponía que la estadística estaba de mi lado. Pero algo que siempre explique a mis alumnos, lo estaba viviendo con una temperatura de 40 grados: puede la estadística sonreirte, lo que no siempre significa que la suerte este disponible. Alumnos idiotas, nunca entendían la metáfora.  Aunque para ser honestos, yo tampoco, me gustaba jugar con las palabras, pero ahora entiendo perfectamente a que me refería. A veces sabemos algo antes de saberlo.

No voy a entrar en detalles sobre mi nombre, mi edad o lo transparente y sin color que me veo. Pero ya que estoy contandoles mi historia lo menos que puedo hacer es publicar mi Bio: “Si no hubiera sido físico en el MIT, me hubiera gustado ser Gustavo Dudamel, mientras busco oro en un tweet.”

Voy a ser millonario con un mensaje de Twitter. Hoy alguien  colocará el resultado del próximo Sorteo Extraordinario de Navidad de la Lotería de España, y lo más gracioso es que ni idea tendrá que lo hizo. A veces sabemos algo antes de saberlo. Apenas tenga el número le enviare un DM a @Fotomaf para que compre tantos Décimos como para empapelar todos los Starbucks de Nueva York. El premio gordo estaba a la vuelta de un tweet.

Todos mis cálculos (y mis esperanzas) están colocadas en esos 140 caracteres. Cada hora que transcurre, cada grado que sube la temperatura, cada mensaje que suma al reloj de Twitter me acerca más al momento en que mi búsqueda por fin termine.

De pronto los grados de calor se convirtieron en rayos eléctricos, los resultados parecían danzar y saltar:

Minuto 00:00 @lalviarez Descargando mi foto 10129
Minuto 4:00 @basuvash contando 10129 ovejas y aun sin sueño
Minuto 5:14 @_PiNkY_ 10129 veces te llamé este mes
Minuto 10:40 @yaaeeL esperando 10129 segundos
Minuto 17:45 @Mterapach Mientras los amantes esperaban la orden 10129 de sushi, en su mesa se miraba una profunda melancolía
Minuto 20:14
@cabezahumana caminando en el paso numero 10129

El sudor se petrifico en la frente, el resultado estaba cobrando vida y los números, como ya es costumbre, no podían mentir.

Esta historia continuará...